
Mimado casi todo el año por los suaves vientos alisos, un grupo de pequeñas islas, casi olvidadas, emerge del Atlántico, al norte de la isla de Lanzarote. Es el
Archipiélago Chinijo, un lugar que en el pasado fue un conocido refugio de todo tipo de piratas y que hoy, sin embargo, es refugio de uno de los grandes tesoros biológicos de la humanidad.
Bajo sus aguas, en unos fondos prácticamente vírgenes, se esconde la mayor biodiversidad marina de Canarias. Es la reserva marina más grande de Europa y, a pesar de todo, un lugar todavía desconocio para la gran mayoría de los aficionados al
submarinismo. ¿Es quizá ésta la razón de que este paraiso aún se conserve intacto, o quizá se deba a las enormes restricciones que tiene todo este área para practicar el
buceo deportivo?
Se denomina
Archipiélago Chinijo al grupo de islotes existentes al norte de la isla de Lanzarote, formado por
La Graciosa,
Alegranza,
Montaña Clara y el
roques de Este y el
roque de Oeste. Todas estas islas están deshabitadas excepto la principal,
La Graciosa, donde se levanta Caleta de Sebo, una pequeñísima población de poco más de 500 habitantes. Este
área protegida es uno de los enclaves naturales de mayor interés de Canarias, y no sólo porque estos islotes cumplen un papel esencial como área de refugio, descanso y nidificación para un gran número de aves, sino porque en sus aguas se pueden encontrar hasta 228 especies diferentes de peces. En todo el archipiélago canario no existe otra zona que alberque una mayor diversidad de peces. Los más habituales son los dentones, bocinegros, pejeperros, meros, abades y viejas. Los más escasos, pero que todavía es posible encontrar durante las inmersiones, son el romero capitán, la corvina negra, el róbalo o lubina y la sama zapata, por ejemplo. Y si con estos argumentos alguien no está convencido aún de que nos encontramos en un lugar único para la práctica del
submarinismo, ahí va otro dato: Sólo en la
Reserva Marina se encuentra el 53% de toda la
flora marina existente en los fondos canarios. Es el área donde se encuentra el mayor índice de diversidad de especies de macroalgas marinas; un total de 304 especies distintas.
Refugio de piratas
Además de los aspectos medioambientales que reunen las inmersiones en este lugar, hay otros alicientes
históricos que atraen a los buceadores. El descubrimiento de América y la penetración europea hacia el Índico a través de la costa occidental africana convirtieron a las Canarias en una encrucijada de las rutas marítimas. Apenas avanzado el s. XVI, comienza el tráfico naval entre las colonias españolas de ultramar y la metrópoli. Los barcos regresaban cargados de tesoros y especias, y sus rutas tenían que pasar forzosamente entre las Azores y Canarias. De esta forma, los mares de las islas se convirtieron en lugares de espera para las flotillas piratas. En el caso concreto del
Archipiélago Chinijo, al encontrarse situado al norte de las Canarias, el lugar más próximo a las costas africanas, y ser islas deshabitadas, durante siglos, se convirtieron en escondite y refugio de todos los piratas y traficantes de esclavos que surcaban estas aguas. El lugar era el idóneo para ocultarse de los barcos de la Corona Española después de algún abordaje, para refugiarse de los temporales del Atlántico, o para reparar naves dañadas tras los combates y para proveerse de agua de los manantiales naturales de las costa norte de Lanzarote.

El lugar preferido para estas incursiones piratas era el fondeadero del Río, el canal de agua existente entre los imponente
acantilados de Famara, al norte de Lanzarote, y la isla de
La Graciosa, frente a lo que hoy es la población de Caleta de Sebo. Sin embargo, con el tiempo los barcos de la Armada descubrieron este refugio y comenzaron a realizar periódicas incursiones relámpagos en la zona con el objetivo de sorprender a las confiadas tripulaciones de estos barcos piratas. Cuando ésto ocurría, los bucaneros nada más ver aparecer en el horizonte el velamen desplegado de los galeones militares huían de allí sin esperar, incluso, a sus compañeros que se encontraban en tierra, sin tiempo siquiera de recoger el ancla, por lo que la operación más habitual era cortar el cabo de fondeo. Por eso toda esta zona del Río está llena de una innumerable cantidad de áncoras de todas las épocas. En la inmersión conocida como el Veril del Ancla, se pueden ver algunas de estas áncoras, de diferentes tamaños, formas y épocas. Precisamente,
la isla de la Graciosa, que debe su nombre al navegante
Juan de Bethancourt a quien le pareció graciosa cuando la avistó en 1402, tiene un pasado tan ligado a los desembarcos de los piratas que se piensa que sirvió de inspiración A Roberto Louis Stevenson para escribir La Isla del Tesoro.
Inmersiones para todos
La
temperatura de las aguas es uno de los factores determinantes del tipo de flora y fauna que habita en toda esta zona. Anualmente, se produce un ciclo de la temperatura media de las aguas de esta reserva que alcanza su punto más bajo en el mes de marzo, con unos 18 grados centígrados, temperatura que irá ascendiento paulatinamente hasta el mes de septiembre que llega a alcanzar los 21º, después de esta fecha el agua vuelve a enfriarse hasta marzo y comienza otra vez el ciclo. La época más recomendada para
bucear es, sin duda, los meses de septiembre y octubre, no sólo por la temperatura de las aguas, sino por el estado de calma del mar y los vientos.

Los islotes son de origen volcánico y por esta razón, a su alrededor, bajo las aguas, predominan los fondos con sustratos rocosos. Para encontrar fondos blandos arenosos o detríticos tenemos que alejarnos de la costa y sumergirnos a algo más de profundidad. De todas formas, las inmersiones que suelen realizarse en el
Archipiélago Chinijo rara vez superan los 30 metros de profundidad. En la mayoría de ellas, los fondos están situado a una media de 20 metros. Uno de los grandes atractivos de las inmersiones es la vida que se puede encontrar en los fondos arenosos, como las águilas de mar, las rayas o chuchos y los tiburones ángel, conocidos como angelotes, un tiburón betónico de aspecto apacible y que se caracteriza por aguardar pacientemente a que sus presas se acerquen a su boca mientras espera semienterrado en el fondo arenoso.